¿Estás sano? Pregúntaselo a tus ojos

El inicio del año marca un tiempo de nuevos propósitos y muchos de ellos están relacionados con nuestra salud. Nuestra salud nos importa y cada vez la cuidamos más. Somos conscientes de la importancia de practicar ejercicio, de controlar nuestro peso y de hacernos análisis periódicos para mantener a raya el colesterol. También acudimos puntualmente al ginecólogo porque sabemos que la prevención es vital y, en general, todos visitamos al dentista cada cierto tiempo. Sin embargo, no solemos ir al oftalmólogo para que revise nuestra vista hasta que no tenemos un problema, cuando gran parte de las dolencias de nuestros ojos podrían tratarse antes y mejor con una revisión a tiempo. 

Hoy queremos demostrarte que la relevancia de esta visita va mucho más allá. Numerosos problemas de salud se manifiestan en los ojos antes que en ninguna otra parte del organismo. De hecho, la exploración del fondo de ojo es una ventana al interior del cuerpo humano. Nos permite verlo y valorar su estado sin necesidad de realizar incisión alguna y sin tener que hacer pruebas más agresivas. 

Diagnóstico precoz

El ojo mide aproximadamente 2,5 centímetros, pero, a pesar de esas reducidas dimensiones, es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano, con millones de conexiones nerviosas que pueden gestionar alrededor de un millón y medio de mensajes al mismo tiempo. La medicina tradicional china se fija en ellos desde hace siglos para detectar patologías del organismo; y en la antigüedad, “leer” los ojos era considerado un valioso saber y sus secretos sólo eran revelados a unos pocos privilegiados. 

De vuelta al siglo XXI, la ciencia corrobora su importancia. Son varios los estudios que demuestran cómo nuestros ojos, si se exploran adecuadamente, arrojan valiosa información para la detección precoz de determinadas dolencias. Estudiando el globo ocular podemos observar la vascularización retiniana y deducir, por ejemplo, que los vasos de un calibre similar localizados en otros órganos –como el riñón o el cerebro–, estarían dañados de una forma semejante.

Analizar el estado de nuestros ojos ayuda a diagnosticar afecciones vasculares como la hipertensión arterial, o enfermedades como la hipercolesterolemia, la diabetes mellitus y algunos males del riñón. También puede detectarse una hipertensión intracraneal, que en muchos casos evidencia la existencia de un tumor cerebral, así como otros males que aquejan al cerebro y que también provocan alteraciones en el campo visual. 

Los ojos también nos hablan de infecciones que pueden afectar al resto del organismo, ya estén producidas por hongos (como la candidiasis), virus (como el VIH o el citomegalovirus, el virus del herpes, que causa un tipo de infección muy común), parásitos (como la toxoplasmosis) o bacterias (como la tuberculosis). Algunas enfermedades reumatológicas, inmunológicas y endocrinas (como el hipertiroidismo) también pueden ser detectadas a través de un estudio ocular. 

Revisión paso a paso

El hecho de poder establecer un diagnóstico precoz supone un beneficio considerable para el paciente, ya que es evidente que, cuanto antes se detecte, más eficaces serán los tratamientos. Teniendo en cuenta que muchas de esas enfermedades no presentan síntomas en sus primeras fases, la exploración del ojo se convierte en algo vital. De ahí la importancia de acudir periódicamente al oftalmólogo. En una revisión normal, el especialista nos someterá en primer lugar a una exploración básica en la que tratará de detectar problemas refractivos como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo. Después, y mediante unas pruebas sencillas y que toleraremos bien, nos tomará la tensión ocular y realizará una exploración del fondo de ojo u oftalmoscopia, además de observar el segmento anterior del globo ocular, mediante una lámpara de hendidura, y el segmento posterior. En algunos casos, se debe completar el estudio con otro tipo de pruebas como la campimetría visual, la topografía corneal, la tomografía de coherencia óptica, la ecografía ocular, autofluorescencia, potenciales evocados visuales, electrorretinogramas, etcétera. Aunque algunas de estas pruebas tengan nombres impronunciables, se utilizan en la gran mayoría  clínicas oftalmológicas. 

Nuestro país ha experimentado en los últimos años un profundo desarrollo en cuanto a tecnología, con muchos e importantes avances. España está a la vanguardia en el campo de la Oftalmología y disponemos de las últimas técnicas diagnósticas y terapéuticas. La Angio OCT por ejemplo es una nueva tecnología que permite visualizar con gran precisión los vasos sanguíneos de la retina en 3 dimensiones y Clínica Villoria es el único centro en la provincia de Pontevedra que la tiene disponible

Cuestión de edad

Muchas veces nos preguntan cuándo debemos empezar a revisar nuestros ojos, incluso si no hemos percibido síntomas ni ningún problema en la visión. Todos debemos acudir al oftalmólogo de manera rutinaria, pero es de obligada importancia si contamos con antecedentes familiares de alguna enfermedad de la vista, si nuestra graduación cambia (sobre todo si somos miopes con más de seis dioptrías o tenemos un astigmatismo progresivo) y también en el momento en que se nos diagnostique alguna enfermedad general, como la diabetes o la hipertensión arterial. 

A partir de los 40 años, la revisión de la vista cobra mucha importancia (aunque estemos sanos) para descartar un posible glaucoma (entre el 2 y el 3% de la población española lo padece) y, una vez cumplidos los 50, para valorar la existencia de vista cansada o presbicia y poder diagnosticar otras dolencias como la degeneración macular asociada a la edad (que afecta a un 1,5% de los españoles entre los 55 y los 65, y aumenta progresivamente hasta un 5% a partir de los 75 años). La frecuencia de las revisiones será pautada por el especialista, ya que cada paciente tiene sus propias circunstancias y necesidades. En cuanto a los niños, conviene que los explore un oftalmólogo a partir de los tres años, a no ser que percibamos cualquier alteración antes. 

Los ojos lloran y ríen, delatan si estamos tranquilos o inquietos, si tenemos miedo o estamos ilusionados… Son, dicen, el espejo del alma, pero también son el reflejo del cuerpo, que habla a través de ellos. Un motivo más para incluir la visita al oftalmólogo en nuestra agenda de salud. Nos ayudará a vivir más y mejor. 

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