15 mitos falsos sobre la salud ocular

Todo lo que leemos y oímos sobre problemas visuales no siempre es del todo fiel a la realidad. Existen ciertas creencias arraigadas en torno de la salud ocular que conviene desterrar, ideas que dábamos por hechas y quizás no son tan ciertas como podemos imaginar. A continuación hemos destacado 15 de esos falsos mitos que rodean al mundo de la visión. No dejes de compartirlo.

Mito 1. “Los pacientes con cirugía refractiva no se pueden operar de catarata”

La cirugía refractiva láser actúa sobre la córnea para modificar su curvatura, de manera que no impide que posteriormente se pueda hacer una operación de cataratas sobre el cristalino (con la implantación de una lente dentro del ojo que lo sustituye). Pensar que las dos intervenciones quirúrgicas no son compatibles no tiene ningún fundamento e incluso otras opciones para la corrección de defectos refractivos, como las lentes intraoculares tampoco suponen un impedimento. Se pueden extraer, siendo procedimientos reversibles.

Mito 2. “El embarazo aumenta la miopía y el riesgo de desprendimiento de la retina”

Aunque sea cierto que durante la gestación el ojo experimenta ciertos cambios, como ocurre con el resto del cuerpo, suelen ser alteraciones transitorias que desaparecen después del periodo de lactancia. Si crece de forma significativa el número de dioptrías de un paciente no es por el embarazo, sino más bien por la edad, especialmente cuando se trata de madres que son jóvenes y su graduación aún no se ha estabilizado.

También es errónea la creencia de que el esfuerzo del parto puede provocar un desprendimiento de retina, especialmente en mujeres miopes. Los estudios evidencian que no hay ningún tipo de relación.

Mito 3 “Perdemos más visión cuando la ‘gastamos’ mucho o al ponernos gafas”

Passar muchas horas trabajando delante del ordenador, leyendo o haciendo trabajos que requieran concentración pueden provocar fatiga visual, ya que estamos haciendo un sobreesfuerzo acomodativo. Como consecuencia de ello, sentimos picor, enrojecimiento y sequedad ocular, a la vez que podemos ver borroso. Pero si descansamos la mirada, notaremos cómo los síntomas mejoran. La visión no se “gasta” por el hecho de utilizarla.

Lo que sí que ocurre es que, con el paso de los años, la visión se va perdiendo progresivamente debido al envejecimiento del ojo. Es un proceso natural que no puede pararse y por eso es mejor afrontarlo con las medidas oportunas, como por ejemplo ponernos gafas o resolverlo definitivamente mediante una cirugía para la presbicia o vista cansada.

Mito 4. “El estrabismo no se puede operar en edad adulta”

Muchos pacientes con estrabismo desde la infancia piensan que este problema ya no tiene solución cuando son adultos. Nada más lejos de la realidad, ya que con la desviación ocular se puede operar a cualquier edad con un tasa de éxito superior al 99%. Hace falta perder el miedo de ver doble después de la intervención, un riesgo muy poco frecuente y que con las pruebas previas oportunas y la práctica quirúrgica adecuada se minimizan aún más.

Mito 5. “Hacer esfuerzos físicos pueden provocar un desprendimiento de retina”

En los inicios de la cirugía, el desprendimiento de retina (hace alrededor de 80 años) se indicaba el reposo como una condición esencial para que la retina recuperase su posición. Este concepto ha perdurado hasta hoy en día y ha influido en la existencia de diferentes mitos alrededor de la patología. Actualmente, las técnicas y los avances actuales no requieren generalmente restricciones de posicionamiento ni impiden al paciente hacer esfuerzos físicos. Levantar peso o practicar ciertos deportes no sólo repercute negativamente en la evolución post-quirúrgica del desprendimiento de retina y tampoco se puede considerar un detonante que lo cause.

Mito 6. “La presión ocular y la presión arterial están relacionadas”

La presión ocular hace referencia a la presión ejercida por los líquidos que hay en el interior del globo ocular (sobre todo, el humor acuoso), mientras que la presión arterial es la presión de la sangre sobre las paredes de las arterias. Por lo tanto las dos son independientes y los cambios de una no influyen en la otra. La hipertensión ocular es el principal factor de riesgo del glaucoma y, aunque no existe una relación directa causa-efecto, sí es cierto que tener la presión arterial demasiado baja también puede provocar la patología ya que dificulta la correcta irrigación del nervio óptico.

Mito 7. “Utilizar dispositivos móviles y ver la televisión hace daño a la vista”

La tecnología está constantemente presente en nuestro día a día y, por esa razón, no es extraño que se discuta si es perjudicial para la visión. Más que renunciar a los móviles, a tabletas y otras pantallas, la clave es hacer un uso controlado. No es cierto que produzcan daños graves e irreversibles en la visión, pero sí debemos tener en cuenta que un abuso de la visión próxima y de estos dispositivos comporta más fatiga visual y que utilizarlos demasiadas horas, durante muchos años (sobre todo en la etapa infantil) -cosa bastante habitual en la sociedad actual-, puede incrementar la progresión de la miopía.

¿Y qué pasa si, por ejemplo, nos enganchamos demasiado a la televisión para mirarla? Este es otro falso mito: se ha demostrado que no es perjudicial para los ojos y que, de hecho, es peor mirarla de lejos forzando la vista, que estar cerca de la televisión sin forzarla.

Mito 8. “ No se puede revisar ni operar niños muy pequeños”

Hay padres que no llevan a sus hijos al oftalmólogo cuando son pequeños porque piensan que aún no tienen la edad para colaborar. Precisamente es al revés, ya que las revisiones oculares en los primeros años de vida son fundamentales. Una primera exploración después del nacimiento nos permite descartar enfermedades congénitas como la catarata, glaucoma, malformaciones, tumores… Posteriormente, otro momento clave es la revisión de los 3-4 años para valorar patologías relacionadas con la agudeza visual y la motilidad ocular. Tratar los problemas visuales en la infancia supone reducir las posibilidades de desarrollar patologías más graves en la edad adulta y, además hoy, existen nuevas soluciones para corregir defectos visuales en edades tempranas.

Mito 9 “El vinagre o el limón ayudan a limpiar los ojos”

Algunos pacientes que vienen a consulta nos explican que se lavan los ojos con vinagre o con limón. Estos remedios caseros no son recomendables, ya que se trata de productos ácidos que pueden alterar la superficie ocular. Así que para mantener una buena higiene y para aliviar molestias posibles derivadas de la falta de sueño, uso de ordenadores o bien patologías como la conjuntivitis, lo más aconsejable es utilizar productos específicos para esta finalidad, cómo pueden ser lágrimas artificiales. Consulta a tu oftalmólogo.

Mito 10 “Las lentes intraoculares requieren un mantenimiento periódico”

Aunque la cirugía de catarata sea una de las más habituales, con más de 350.000 operaciones al año en España, siguen habiendo muchos mitos alrededor de este procedimiento.

Uno de ellos es que la lente intraocular que se implanta durante la operación se tiene que extraer de vez en cuando para limpiarla. En algunos pacientes puede pasar que meses o años después de la intervención, la cápsula posterior del ojo donde está ubicada la lente, se vuelva opaca, de manera que se ha “ensuciado”. La limpieza se hace con un tratamiento láser en consulta, indoloro para el paciente, que no requiere sacar la lente. A no ser que se produzca algún problema específico, la lente intraocular se queda estable en el interior del ojo sin riesgo de moverse y dura para toda la vida.

Mito 11. “Una catarata debe estar enteramente desarrollada para eliminarla

Hoy, la tecnología está lo suficientemente avanzada que no es necesario esperar a que las cataratas estén completamente desarrolladas para ser eliminadas. Si dificultan la visión, es importante eliminarlas independientemente de su estado de desarrollo.

Mito 12. “Da lo mismo ir a un oftalmólogo que a un óptico”

Hay pacientes con problemas de visión que consideran que una visita a su óptico ya es suficiente para analizar su situación. Sin embargo, cada profesional del cuidado de los ojos tiene un rol preciso.

El óptico está especialmente formado para adaptar y ajustar tus gafas y lentillas. En contra de lo que podamos creer, no realiza exámenes oftalmológicos; éstos exámenes debe hacerlos un optometrista.

El optometrista, no es médico pero está formado para hacer exámenes oftalmológicos. Realiza test oculares para detectar cualquier anomalía y puede prescribir gafas o lentillas adaptadas a cada graduación. En determinados casos el optometrista puede derivar un paciente al oftalmólogo para un examen más profundo.

El oftalmólogo es un especialista del ojo que ha recibido formación médica. Estudia la anatomía y la fisiología del ojo, así como las diferentes enfermedades potenciales. Como profesional médico cualificado, el oftalmólogo puede efectuar cirugías de ojo si es necesario.

Mito 13. “El ojo alcanza su tamaño final al nacer”

Es un falso mito la idea de que el ojo mantiene el mismo tamaño desde el nacimiento. El ojo mide en realidad aproximadamente 18mm en el nacimiento, 19,5mm aproximadamente durante la infancia y sobre los 24-25mm en la edad adulta. Por tanto, en el momento del nacimiento el ojo es 2/3 más pequeño que el ojo de un adulto.

Mito 14. “La gimnasia ocular mejora la vista”

Este mito existe desde hace más de 100 años. Algunos de estos métodos son muy controvertidos y su beneficio para la salud ocular no ha sido demostrado. La mejora de la visión con los ejercicios oculares no tiene ningún fundamento científico y, de hecho, muchos productos vinculados a este tema, han sido retirados del mercado.
Los problemas de visión son, en general, debidos a causas muy variadas que ningún ejercicio ocular, regular o esporádico, puede remediar.

Mito 15. “Comer zanahorias puede mejorar tu visión”

Es cierto que desterrando este mito acabamos con uno de los principales argumentos que utilizan los padres para que sus hijos coman zanahorias, unas hortalizas que efectivamente tienen muchas propiedades. Las zanahorias son ricas en betacaroteno que el cuerpo utiliza para obtener la vitamina A que se distribuye por los ojos y por otras partes del cuerpo. Mientras que una buena dieta es importante para ayudar a mantener una buena salud ocular, los problemas de visión son, en general, fisiológicos y no pueden ser corregidos químicamente.

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