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GLAUCOMA

La ceguera silenciosa

Glaucoma: La principal causa de la ceguera, junto con la diabetes

El glaucoma es una enfermedad ocular que se caracteriza por la pérdida de visión como consecuencia de un daño en el nervio óptico producido habitualmente por un aumento de la tensión intraocular. El glaucoma es, junto con la diabetes, la principal causa de ceguera. Se le llama “Ceguera silenciosa” porque no produce síntomas.

El daño que produce el glaucoma es progresivo e irreversible. El diagnóstico se debe realizar cuanto antes”.

Es necesario realizar controles oftalmológicos periódicos en pacientes aparentemente sanos a partir de los 40 años para diagnosticar el glaucoma antes de que aparezca pérdida de visión.

Preguntas frecuentes

Clínica Villoria responde las preguntas más frecuentes de nuestros pacientes. Si tienes cualquier otra consulta, por favor, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

¿Por qué se produce el glaucoma?

En el interior de ojo existe un espacio llamado cámara anterior que contiene un líquido transparente  llamado humor acuoso.

La presión intraocular, es el resultado del equilibrio entre producción y salida del humor acuoso del interior del ojo.

Cuando hay un desequilibrio entre la producción y salida del humor acuoso, se produce un aumento de la presión intraocular lo que provoca una perdida progresiva de fibras nerviosas del nervio óptico.

Sin embargo, también existe un tipo de glaucoma en el que el daño del nervio óptico se produce con presiones oculares “normales”, ya que el nervio no es capaz de soportar una presión normal. Esto sucede en personas con diabetes, alteraciones en la presión arterial, sobre todo hipotensión arterial, problemas circulatorios, etc… que hacen que la sangre circule con más dificultad por los finos vasos sanguíneos del nervio óptico.

¿Quién puede padecerlo?

Más de un millón de españoles mayores de 40 años sufre glaucoma y la mitad desconoce que lo padece. El diagnóstico precoz es fundamental. Por eso es muy importante que las personas con perfiles de riesgo, se sometan a revisiones oftalmológicas periódicas:

  • Hasta los 40 años, si no hay problemas, basta con realizar exámenes oftalmológicos cada 3 o 4 años.
  • Al llegar a los 40 años, deberán realizarse cada 1 ó 2 años, y a partir de ahí, con la frecuencia que indique el oftalmólogo.

La probabilidad o el riesgo de padecer glaucoma aumenta con la edad a partir de los 40 años y más aún cuando existen antecedentes familiares, alta miopía o hipermetropía, diabetes, enfermedades cardiovasculares, entre otros.

¿Cuáles son los síntomas?

El glaucoma crónico simple es el más frecuente y no produce ningún síntoma  que nos avise de su presencia hasta las fases más tardías de la enfermedad. Por eso al glaucoma se le denomina “la ceguera silenciosa” y el paciente puede no saber que padece esta enfermedad hasta que ha perdido la mayor parte de la visión.

Esto sucede porque lo primero que suele afectarse es la visión periférica, y la pérdida de visión es lenta y progresiva no siendo  el paciente consciente de la enfermedad hasta que ha perdido gran parte del campo visual. El campo visual es el área de visión que alcanzamos a ver y se ve alterado por la aparición de áreas ciegas en las que no hay visión. En las fases avanzadas de la enfermedad la visión queda reducida a la zona central del campo visual, y el paciente tiene la sensación de ver como a través de un tubo cada vez más estrecho.

En el caso del glaucoma de ángulo cerrado, la presión intraocular aumenta rápidamente, causando visión borrosa, fuerte dolor en los ojos, halos multicolores alrededor de las luces, dolor de cabeza, náusea y vómito.

¿Cómo detenerlo a tiempo?

La aparición del glaucoma no se puede prevenir, pero sí su progresión si se detecta a tiempo y se realizan controles periódicos para su seguimiento.

Para el control a lo largo del tiempo no basta con medir sólo la presión intraocular. Es necesario evaluar la cantidad de fibras nerviosas y células ganglionares, lo cual nos informa sobre las alteraciones estructurales y también realizar campos visuales periódicos que nos dan información funcional del nervio. En nuestro centro disponemos de la última tecnología que integra ambos tipos de exploración y los correlaciona para un control más exhaustivo de la progresión.

 

El oftalmólogo debe realizar un examen completo que incluya:

  • Medida de la presión intraocular. Tonometría y Curvas tensionales
  • Gonioscopia: inspecciona el ángulo de drenaje de los ojos.
  • Paquimetría: medición del grosor corneal
  • Oftalmoscopia: evalúa el nervio óptico.
  • Campo visual: área de visión que alcanzamos a ver (prueba funcional).
  • Tomografía de Coherencia Óptica: analizan la estructura anatómica de la capa de fibras nerviosas o bien su equivalente papilar, el anillo neurorretiniano proporcionando datos más o menos objetivos (pruebas estructurales).
  • Correlación entre las pruebas funcionales y estructurales.

¿Cuáles son los tratamientos?

El tratamiento del glaucoma tiene por objeto la detención de la enfermedad, pero no consigue recuperar el campo visual que ya se ha perdido.

Una vez establecido el diagnóstico de glaucoma, o bien si se nos considera candidatos a padecerlo por nuestros antecedentes personales o familiares, o porque nuestra  tensión exceda los límites, el oftalmólogo optará por, simplemente vigilar estrechamente al paciente o iniciar un tratamiento médico.

El tratamiento inicial de elección siempre es el tratamiento médico con la administración de colirios tópicos. Si de esta manera no se consigue controlar la presión, el médico recomendará un tratamiento con láser, e incluso cirugía.

El tipo de cirugía que se realice depende de las características de cada caso en particular: trabeculectomía clásica, trabeculectomía con implantes, esclerotomía profunda no perforante o válvulas.

La operación  consiste en crear una vía alternativa que facilite la salida del humor acuoso y de esta forma disminuya la presión ocular.

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